Instrucciones para adquirir conocimiento cristiano

Por Jonathan Edwards (Traducido por Víctor Meléndez)

1. Sé constante y disciplinado en la lectura de las Sagradas Escrituras

La Biblia es la fuente principal de la que debemos obtener nuestro conocimiento acerca de Dios. Por eso, no debemos descuidarla. Cualquier persona con una capacidad normal de comprensión y que sepa leer puede, si realmente se lo propone, llegar a conocer bien las Escrituras. ¡Y alcanzar ese conocimiento es algo de enorme valor!

2. No leas simplemente por curiosidad ni pases por el texto sin esforzarte por comprender lo que significa

Esa es una mala manera de leer. Puedes leer muchísimo y, aun así, terminar sabiendo muy poco de las Escrituras. Presta verdadera atención a lo que lees. Sigue el argumento del texto, observa cómo se desarrolla y compara unos pasajes de la Biblia con otros. La propia Escritura es su mejor intérprete. Por eso, cuando Cristo nos llama a escudriñar las Escrituras, está hablando de algo mucho más profundo que una lectura rápida o superficial. Escudriñar significa esforzarse por descubrir lo que el texto realmente quiere decir. Una de las mejores maneras de hacerlo es comparar un pasaje de la Escritura con otros. También presta atención a la predicación de la Palabra. Escucha cuidadosamente y toma nota de lo que aprendes. Si se predica sobre algún pasaje que antes no comprendías, aprovéchalo para aclarar su significado. Y cuando encuentres algo especialmente útil, anótalo para poder volver a ello después. 

3. Busca y utiliza buenos libros que te ayuden a crecer en el conocimiento de Dios.

Existen muchos libros excelentes que pueden ayudarte enormemente a comprender mejor las verdades de Dios, y leerlos no necesariamente requiere demasiado tiempo: puedes aprovechar para ello parte de tus momentos libres. Uno de los problemas de muchas personas es que, aunque tienen a su disposición buenos libros de los cuales podrían aprender muchísimo con relativamente poco esfuerzo, no los aprovechan. Se conforman con leer siempre las mismas cosas. Después de haberlas leído tantas veces, terminan haciéndolo simplemente por costumbre. La lectura deja de producir reflexión y se convierte en una actividad mecánica, tediosa y poco provechosa. 

4. Aprovecha las conversaciones con otras personas para crecer en conocimiento.

Las personas podrían ayudarse muchísimo unas a otras a conocer mejor las cosas de Dios si aprendieran a aprovechar sus conversaciones. En lugar de hablar como si todos ya supieran suficiente, deberíamos estar dispuestos a reconocer lo que ignoramos y aprender de los demás.

Quienes tienen mayor conocimiento deberían compartirlo, y todos deberíamos estar más dispuestos a conversar sobre las verdades de Dios de una manera que produzca edificación, aprendizaje e instrucción mutua. 

5. No busques conocimiento simplemente por saber más; procura que transforme tu vida.

No debes conformarte con aumentar tu conocimiento intelectual. Busca que aquello que aprendes produzca un beneficio verdadero para tu alma y que puedas llevarlo a la práctica. Si buscas conocimiento solamente por el placer de saber, probablemente nunca alcanzarás el verdadero propósito del conocimiento cristiano. Pero si estudias la verdad con el propósito de vivir conforme a ella, el conocimiento tendrá una dirección correcta. El objetivo, entonces, no es simplemente saber más acerca de Dios, sino conocer la verdad de tal manera que esa verdad gobierne tu manera de pensar, tus decisiones y tu forma de vivir. El conocimiento, si no se utiliza correctamente, es muy probable que no te traerá ningún beneficio; al contrario, puede llenarte de orgullo en lugar de conducirte al verdadero conocimiento. Como dice 1 Corintios 8:1 «(…) El conocimiento envanece. (…)»

6. Acude a Dios y pídele que te guíe y te bendiga mientras buscas crecer en conocimiento.

Esta es la instrucción del apóstol: Santiago 1:5

«(…) Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundamente y sin reproche (…)».

Dios es la fuente de todo verdadero conocimiento de las cosas divinas: Proverbios 2:6

«Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca vienen el conocimiento y la inteligencia.»

Por eso, reconoce tu propia ceguera e ignorancia y sé consciente de cuánto necesitas la ayuda de Dios. De otro modo, corres el peligro de caer en el error y, en lugar de alcanzar el verdadero conocimiento, terminar lleno de orgullo: 1 Corintios 3:18

«(…) si alguno entre vosotros piensa ser sabio en este siglo, hágase necio para ser sabio (…)»

7. Vive de acuerdo con el conocimiento que ya tienes.

Esta es también una manera de llegar a conocer más. El salmista recomienda con fuerza esta forma de buscar el conocimiento de la verdad divina basándose en las cosas ya vividas: Salmos 119:100

«Más que los ancianos he entendido, porque he guardado tus preceptos».

Cristo enseña el mismo principio en Juan 7:17: «Si alguno quiere hacer su voluntad, conocerá acerca de la doctrina si viene de Dios, o si yo hablo de mí mismo».

(«The Works of Jonathan Edwards» volumen 2, pág. 162-163)

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