Matrimonio, Divorcio y Recasamiento

Así que ya no son más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.

(Mt 19:6)

Esta es una declaración de nuestra Iglesia con respecto al matrimonio y las segundas nupcias a la luz de lo que enseña la Palabra de Dios.

1.  El matrimonio es una institución creada por Dios. Los que están unidos en matrimonio, están casados delante de Dios, independientemente de si son creyentes o no.

2.  Creemos que Dios es soberano y Él controla todo lo que sucede. Hay personas que piensan que, porque se casaron en ignorancia, siendo incrédulos o llevando una vida de pecado, sus matrimonios no son válidos. Pero creemos que independientemente de las circunstancias Dios ha unido a los que se han casado y nadie puede invalidar la unión matrimonial.

3.  Hay quienes rechazan la posibilidad de segundas nupcias en toda circunstancia. Nosotros creemos que sí hay una causa lícita para un divorcio y es el adulterio, según las palabras de nuestro Señor Jesucristo:

Y yo os digo que cualquiera que repudie a su mujer, si no fuere por causa de fornicación, y se case con otra, comete adulterio; y el que se case con la repudiada, comete adulterio. (Mt 19:9)

4.  Es claro que los discípulos entendieron la gravedad de estas condiciones puesto que respondieron al Señor con estas palabras:

Le dijeron sus discípulos: Si es así la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse. (Mt 19:10)

5.  Unirse a una persona casada es un pecado reconocido desde la antigüedad aun entre los paganos y hay dos ocasiones en que esto es evidente. En el caso de Sara la esposa de Abraham, se registra en Génesis 20:3

Pero Dios fue a Abimelec en sueños de noche y le dijo: He aquí, muerto eres a causa de la mujer que has tomado, la cual está casada con marido.

Y en el caso de Rebeca la esposa de Isaac igual leemos:

Y Abimelec dijo: ¿Qué es esto que nos has hecho? Por poco hubiera dormido alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras traído sobre nosotros la culpa. (Gn 26:10)

6.  La iglesia católica resta importancia al matrimonio civil y considera como válido únicamente el matrimonio religioso. La razón posible para esto es que afirman que el matrimonio es un sacramento y que debe administrarlo el sacerdote. Por esa razón, aprueban ceremonias de boda para personas que fueron casadas anteriormente mientras no hayan tenido ceremonia eclesiástica. Sin embargo, los que son casados “por la iglesia” son solemnemente advertidos con respecto a la santidad del pacto matrimonial. Gracias a Dios por esto.

7.  Los matrimonios en la antigüedad no precisaban de la aprobación de una autoridad civil o religiosa, era un asunto familiar, pero eventualmente los gobiernos se vieron en la necesidad de registrar los matrimonios para evitar fraudes y legitimar la custodia y cuidado de los hijos. Creemos que los cristianos deben someterse a esta regulación civil. (Romanos 13.1)

8.  Por la razón anterior, nosotros consideramos válida cualquier unión civil mientras sea entre un hombre y una mujer libres, es decir, solteros o viudos y mientras no se contraiga dentro de los grados de consanguineidad prohibidos. (Levítico 18)

9.  Los que se han separado o divorciado de manera ilegítima no pueden volver a casarse.

10. En el Nuevo Testamento se nos relata la situación del rey Herodes tetrarca que por alguna razón estaba viviendo con la esposa de su hermano Felipe (Marcos 6:18). Las razones particulares para la separación de aquella mujer de su antiguo esposo no las conocemos, pero el profeta Juan el Bautista denunció que la unión con Herodes no era lícita ante Dios.

11. Los argumentos modernos para divorcios y separaciones suelen ser cuestiones subjetivas: El esposo afirma que ya no ama a su esposa o viceversa. El adúltero afirma que a esta nueva mujer sí la ama y que con ella es feliz, etc. O bien, se aduce a la incompatibilidad de caracteres. Todo eso esto ocurre por ignorancia e irrespeto a lo que el matrimonio realmente es y significa.  

12. En la actualidad el matrimonio es considerado una especie de contrato, pero en realidad, el matrimonio es un pacto y no cualquier pacto, sino un pacto solemne ante Dios.

13. Antiguamente los gobiernos civiles que respetaban la ley cristiana no aprobaban los divorcios por causas ilegítimas. Eventualmente el secularismo ganó terreno y las leyes comenzaron a aprobar divorcios por cualquier causa.

14. Si entendemos el matrimonio como un pacto ante Dios, lo equipararemos a un juramento y por eso existen los votos matrimoniales. En la Biblia un juramento que se hace en nombre de Dios es inquebrantable. Un ejemplo claro es el pacto entre los Israelitas y los Gabaonitas relatado en el libro de Josué capítulo 9 nos muestra la gravedad de un juramento y cómo los Israelitas sabían que no podían quebrantar su compromiso a pesar de que entraron en aquel pacto con engaño de parte de los de Gabaón.  

15. Aconsejamos que en el triste caso de un adulterio una pareja debe buscar consejería pastoral con el fin de procurar la restauración matrimonial, lo cual glorificaría más a Dios que un divorcio. El cónyuge ofendido, aunque podría reclamar su derecho al divorcio, podría mejor perdonar al adúltero y se daría testimonio del poder del Evangelio en la restauración matrimonial. Esto no siempre es posible porque hay muchos adúlteros impenitentes.

16. El divorcio es muy ofensivo a Dios:

Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio y al que cubre violencia con su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu y no seáis desleales. (Mal 2:16)

17. En la Iglesia de Corinto había parejas mixtas (creyente-incrédulo) y los creyentes estaban considerando la separación de sus cónyuges inconversos. El apóstol Pablo insiste en evitar la separación a toda costa, excepto que sea el cónyuge incrédulo el que insista en ello.

Pero si el incrédulo se separa, sepárese; no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios. (1 Co 7:15)

18. La instrucción apostólica con respecto al matrimonio es muy clara en este aspecto:

Mas a los que están casados, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; pero si se separare, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no repudie a su mujer. (1 Co 7:10,11)

Vemos aquí que el apóstol Pablo considera que a pesar de que el mandamiento ordena NO separarse, podría haber casos en los cuales finalmente deciden hacerlo, entonces insiste en que, si esto llega a suceder, el que se divorcia en esas condiciones no puede casarse otra vez. Es notoria la insistencia del apóstol Pablo a evitar la separación a toda costa y a procurar la reconciliación.

19. El hecho que una autoridad civil ratifique un divorcio no lo hace válido necesariamente. Si la causa del divorcio no es bíblicamente sancionada el divorcio es inválido ante Dios.

20. Cuando el apóstol Pablo se refiere a la unión matrimonial como un misterio aclara la razón:

Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. Este misterio es grande, mas yo digo esto con respecto a Cristo y a la iglesia. (Ef 5:31-32)

El matrimonio debería reflejar la unión mística de Cristo con la Iglesia y el divorcio mancha ese símbolo de la manera más grotesca porque Cristo y Su Iglesia nunca se deben separar.

21. Hay personas a las cuales Dios les priva de la posibilidad de casarse temporal o permanentemente, pero insistimos en que Dios es soberano y controla todo, por lo tanto, el creyente no debe desesperar ni desanimarse con respecto a esto. Dios está en control y si es conforme a Su voluntad que un creyente tenga la bendición de tener esposo o esposa, Él proveerá de las condiciones correctas. Si la persona que desea casarse tuvo un divorcio inválido, debería interpretar que Dios está manifestando Su negativa para un segundo matrimonio.  

22. Los creyentes solteros y viudos que sí tienen el permiso divino para volver a casarse deben atender a la advertencia apostólica que enfatiza que esto es lícito siempre que sean “en el Señor” (I Corintios 7:39). Dios manifestará Su voluntad sea que les provea pareja o no. Sin embargo, esto muchas veces evidencia que la persona no está satisfecha plenamente en el Señor y que piensa que no es posible “ser feliz” sin estar casado.

23. Debemos enfatizar que el plan de Dios no es tanto “hacernos felices” en esta vida, sino hacer de nosotros hombres y mujeres santos.

24. No somos insensibles ante la realidad de que hay quiénes vienen a la iglesia habiendo cometido el pecado de divorciarse y también de haber vuelto a casarse. A esos hermanos los animamos a reconocer sus divorcios como acciones pecaminosas y a recibir el perdón que el Señor ofrece y los exhortamos para que, ya que no pueden deshacer lo que hicieron en ignorancia o rebeldía en el pasado, sean ahora fieles al pacto de las segundas nupcias.

25. Parece ser que somos una minoría de pastores o iglesias los que sostenemos esta posición en cuanto a las restricciones para las segundas nupcias, pero creemos que la obediencia al estándar bíblico es lo que verdaderamente protegerá la santidad del matrimonio y a las futuras generaciones del pecado del divorcio y sus terribles consecuencias.

26. Lamentamos que este tema tan delicado se aborde de una manera pragmática y sentimental. Sabemos que es algo difícil de aceptar en una sociedad egocéntrica, pero la Iglesia debe ser luz y sal en esta tierra.

Una palabra de reflexión con respecto a la sumisión bíblica.

En el relato del libro de Ruth, vemos a dos mujeres desamparadas y viviendo en la miseria. Ruth se ve obligada a ir y juntar semillas que se les cayeran a los recolectores mientras cosechaban y tanto ella como su suegra Noemí pudieron haber ideado alguna manera alterna para salir de su condición precaria, pero Noemí recurre a lo que es legal, buscar un pariente redentor.

Se realiza el plan para hacer saber a este pariente de nombre Booz que ellas necesitan redención y este hombre está dispuesto a cumplir con su deber. Las palabras de Booz nos dejan una gran enseñanza de integridad y sumisión a la Ley:

Y él dijo: Bendita seas tú de Jehová, hija mía; que has hecho tu última bondad mejor que la primera, no yendo tras los jóvenes, sean pobres o ricos. Ahora, pues, no temas, hija mía; yo haré contigo todo lo que tú digas, pues todos los dirigentes de mi pueblo saben que eres mujer virtuosa. Y ahora, aunque es cierto que yo soy redentor, con todo eso hay un redentor más cercano que yo. (Rt 3:10-12)

Tanto Ruth como Booz tenían la posibilidad de actuar según su conveniencia, pero eran temerosos de Dios y estaban dispuestos a actuar según la Ley. Ruth podría haber dicho a su suegra que Booz ya era un poco mayor para ella, que no lo veía muy atractivo, etc., pero ella no razonó carnalmente sino con apego y obediencia a la ley. Del mismo modo, si analizamos el asunto sentimentalmente, no debe haber sido nada fácil para Booz un hombre aparentemente maduro sin esposa, (lo que llamarían un “solterón”), reconocer que había alguien que tenía mayor derecho legal que él para casarse con Ruth. Él pudo haber callado por conveniencia. Pero Booz con tal de cumplir la ley, tomó el riesgo de que el otro pariente hubiera accedido a redimir a Ruth. Booz sabía que lo correcto era verificar si el pariente más cercano aceptaba o no la propuesta y si lo hubiera hecho eso hubiera significado quedarse soltero. Pero aceptaba la voluntad de Dios para su vida.

Muy poco se ve esa actitud en nuestros días. La gente razona con argumentos humanistas, pensando que si el hombre todavía es joven no puede quedarse soltero, que si la mujer no tiene un sustento económico necesita casarse o aún peor, que si ambos “se aman”, no debería nadie impedir la unión.

Nosotros creemos que Dios premiará la obediencia porque la obediencia es una muestra de la verdadera fe. Creemos que a los que Dios niega la posibilidad de casarse, sea temporal o permanentemente, Dios los está amando y cumpliendo Su propósito en ellos. 

Los solteros, divorciados y viudos no son cristianos de clase inferior, tienen la gran bendición de poder servir al Señor más con mayor dedicación que los casados. Así está escrito:

Quisiera, pues, que estuvierais sin preocupaciones. El soltero se preocupa de las cosas que son del Señor, de cómo ha de agradar al Señor… Pero digo esto para vuestro provecho, no para tenderos lazo, sino para lo honesto, y para que la dedicación al Señor sea sin impedimento. (1 Co 7:32;35)

Una última palabra en cuanto a la práctica de recomendar parejas entre hermanos.

Sabemos que hay hermanos que con buenas intenciones se acercan a un soltero o soltera para recomendar a alguien como posible pareja. Pensamos que esto puede ser útil pero sólo si se realiza con sabiduría y en oración, pero antes de realizar una recomendación, los pastores deberían ser consultados. Los pastores conocen más de cerca a sus ovejas y son los que están enterados de si hay algún impedimento en un hermano o hermana para considerar el matrimonio. Si no hay impedimentos y tanto el hermano como la hermana tienen las condiciones mínimas para entrar en una relación, los pastores están en la mejor disposición de guiarlos en todo el proceso que deseablemente terminará en la formación de una nueva familia para Cristo.

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