La Iglesia no debe rendirse ante la decadencia cultural.
El Arte en sus diferentes expresiones puede ser hermoso, útil, bueno y provechoso pero también puede ser feo, inútil (vano), malo y dañino.
Una afirmación como la anterior es considerada radical e inaceptable para la sociedad relativista en la cual vivimos.
En el pasado, las Bellas Artes eran evaluadas con precisión y había estándares claros para determinar la calidad de las pinturas, esculturas y composiciones musicales, pero la edad moderna con su supuesto progresismo impuso la opinión de que nada hay bello ni feo, ni bueno ni malo, sino que todo depende de la cultura y de la opinión personal. Según esa posición, no hay una cultura o expresión cultural superior a otra.
Las exhibiciones con pinturas y esculturas que en otro tiempo hubieran sido consideradas inaceptables y ridículas, hoy en día son valoradas por los nuevos expertos como expresiones de arte.
Combinaciones desordenadas de colores y formas torcidas, así como objetos repugnantes son exhibidos en Museos como piezas de arte.
Una muestra clara de esta decadencia es la creación de un “artista” americano que fue exhibida en el jardín de un Museo de Suiza. Se trata de un inflable gigante con forma de excremento humano. En Holanda también se realizó una exhibición de arte con diferentes piezas gigantes simulando excremento. (Se puede ver el artículo de Prager University AQUÍ)
Comparemos las esculturas modernas con las de Miguel Ángel y otros como él.
Comparemos las pinturas modernas con las de Rembrandt y otros como él.
Comparemos los estilos arquitectónicos de siglos anteriores con las edificaciones actuales.
Y comparemos la música de los grandes maestros con la triste alternativa moderna del rap, reagetón, etc.
Todas esas comparaciones nos confirmarán que experimentamos la peor decadencia de la Historia.
Los cristianos debemos afirmar la verdad según nos fue revelada en las Sagradas Escrituras y en base a los principios bíblicos podemos afirmar que sí hay expresiones culturales superiores a otras y deberíamos aprender a aplicar esos principios de belleza en la vida cotidiana y en la vida de la Iglesia.
La Biblia habla de lo que es hermoso de una manera objetiva. Dios mandó que se hicieran ropas especiales para el sacerdocio y quiso especificar la razón por la cual lo ordenó así:
“… harás vestiduras sagradas a Aarón… para honra y hermosura” (Éxodo 28.2)
Los incrédulos pensarían que todas las regulaciones del culto antiguo fueron idea de Moisés, pero nosotros aceptamos la Biblia como el libro de revelación divina.
Observemos el uso de materiales preciosos y la combinación apropiada de ellos que fueron usados por un hombre llamado Bezaleel, y otros que como él fueron identificados como capaces para la confección de todo lo que Dios había mandado. A ellos se les encargó esta tarea específica:
“Así, pues, Bezaleel y Aholiab, y todo hombre sabio de corazón a quien Jehová dio sabiduría e inteligencia para saber hacer toda la obra del servicio del santuario, harán todas las cosas que ha mandado Jehová.” (Éxodo 36.1)
Para hacer las cosas bien, se necesita la habilidad que Dios da, incluso en la confección de vestimentas, pero ahora diseños ridículos de ropa son presentados como alta moda.
Todo esto es sólo una de las muchas consecuencias de vivir en un mundo que está bajo la maldición del pecado y en particular por rechazar el estándar bíblico para la vida:
Y al hombre dijo: …maldita será la tierra por tu causa
(Gn 3:17)
Y como a ellos no les pareció bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer lo que no conviene,
(Ro 1:28)
Aunque se nota la corrupción que ha dañado al hombre y sus obras, todavía hay gran hermosura en la creación. Necesitamos discernimiento para hacer distinciones entre lo que es hermoso y lo que no lo es. La imagen de Dios está terriblemente manchada en el hombre por causa del pecado pero la restauración es posible por la obra de Cristo en los creyentes y esta restauración abarca todas las áreas incluido el arte.
En realidad no es tan difícil saber cuándo algo es hermoso, apropiado y útil. La expresión artística debería evaluarse según el grado de precisión con el cual la obra artística refleja la realidad.
El pintor y el escultor que usan sus talentos para representar fielmente con colores y formas lo que han observado en la creación deberían ser dignos de reconocimiento.
Las artes florecieron cuando había respeto por los estándares naturales que se derivan de la creación de Dios, en cambio la decadencia comenzó ser notoria cuando los estándares naturales se comenzaron a transgredir. De todo esto hay testimonio visible en los museos. Las esculturas y pinturas de los artistas clásicos impresionan positivamente a cualquier observador objetivo.
Por el contrario, muchas exposiciones de arte moderno son ofensivas a la vista, vulgares y algunas grotescas, aunque tales calificativos son ahora prohibidos y nos merecen a los que así opinamos la categoría de retrógrados y de mente cerrada.
Ahora bien, no son muchos los que reclaman tener el talento de escultores o pintores en el mundo, pero son muchos los que se creen músicos y el deseo de escuchar música y cantar está prácticamente en todos. Esto complica la situación porque la producción musical es muy amplia.
Sea como sea, hay música mala y no cualquier combinación de sonidos con cierto ritmo puede considerarse música de calidad.
Hay sonidos hermosos y sonidos feos, hay belleza en la armonía y fealdad en lo disonante, pero al igual que en las otras artes, los “expertos modernos”, insisten en afirmar que todo depende de los gustos y las influencias culturales. Para ellos las elaboradas composiciones de Johan Sebastian Bach no deben ser consideradas superiores a la música contemporánea, solamente son diferentes.
De esta manera, la ignorancia del hombre moderno se evidencia cuando piensa que tienen igual valor las excelentes obras musicales producidas por el cristianismo clásico que los mantras repetitivos de los seguidores de Krishna, los cantos monótonos de los monjes budistas y la cultura del Rock-Pop.
La Biblia dice que el Rey David tuvo un don especial para la música, tanto para la composición como para la ejecución musical. Así está registrado:
“… Dijo David hijo de Isaí, Dijo aquel varón que fue levantado en alto, El ungido del Dios de Jacob, El dulce cantor de Israel…” (II Samuel 2.31)
“Y los sacerdotes desempeñaban su ministerio; también los levitas, con los instrumentos de música de Jehová, los cuales había hecho el rey David para alabar a Jehová” (II Crónicas 7.6)
Es importante notar que los que cantaban en elservicio del templo eran dirigidos por alguien que tenía la capacidad necesaria para ello:
“Y Quenanías, principal de los levitas en la música, fue puesto para dirigir el canto, porque era entendido en ello.” (I Crónicas 15.22)
Lo anterior debería llevarnos a concluir que la composición de cantos y la dirección de los mismos deberían pasar por una seria revisión según los estándares de reverencia y belleza que corresponde la adoración del Dios Santo al que servimos.
Tenemos los siguientes mandamientos en las cartas paulinas:
“hablando entre vosotros con salmos, e himnos, y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones;”
(Efesios 5.19)
“La palabra de Cristo habite en vosotros abundantemente en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos a los otros con salmos e himnos y cánticos espirituales, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor.”
(Colosenses 3.16)
Por supuesto que lo más importante en el canto es tener un corazón renacido que capacitado por el Espíritu Santo pueda expresar alabanzas que corresponden a una realidad, porque existe la triste posibilidad de emitir cantos melodiosos y exquisitos al oído humano pero desagradables al oído divino porque provienen de corazones no arrepentidos.
Así como fallaron los antiguos sacerdotes en su liderazgo, han fallado los líderes del presente porque Dios denunció por medio de Su profeta a los sacerdotes de una manera muy enfática:
“Sus sacerdotes violaron mi ley, y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio; y de mis días de reposo apartaron sus ojos, y yo he sido profanado en medio de ellos.” – (Ezequiel 22.26)
Esta triste situación comenzó a darse sobre todo a partir del siglo XX cuando se empezaron a utilizar estilos y ritmos de música secular para ser incluida como parte de la adoración en la Iglesia.
Este fenómeno no ocurrió de golpe, sino que, poco a poco, se fueron utilizando elementos del mundo en las iglesias y las iglesias carentes de un liderazgo temeroso de Dios perdieron el rumbo en cuanto a esto, hasta el punto que muchas personas en la actualidad ni siquiera pueden diferenciar la música apropiada para el culto de la que es inapropiada porque es la música que han escuchado toda la vida.
Una de las posibles razones inocentes para este descuido pudo ser que intentaron hacer los servicios religiosos más atractivos para atraer a la gente, para que los jóvenes fueran atraídos por los estilos y ritmos de moda, con el propósito de que pudieran escuchar el Evangelio.
Pero los estilos de adoración tienen una conexión inevitable con la posición teológica que se abraza, por esta razón las iglesias conservadoras parecen haber sido menos afectadas por esas tendencias musicales. Sin embargo, se ha visto que tampoco han sido inmunes ante esta presión social. Algunos no sólo han cedido al incluir las “composiciones de moda” sino que han permitido la alteración de los himnos tradicionales para adaptarlos a la cultura rock-pop.
El hecho de que hay estilos musicales asociados a ciertos estilos de vida y conducta se evidencia en la misma Biblia al identifica una cierta forma de cantar. El profeta Isaías escribió:
“… cantará Tiro canción como de ramera” (Isaías 23.15)
Este tipo de canto debe haber sido sensual y seductor, como la misma ramera que lo cantaba.
Muchos estilos musicales seculares tienen un nivel de sensualidad que los hace inapropiados para ser usados en la música sagrada. Pero no sólo se trata del estilo sino de la forma del canto. Los “artistas cristianos” abandonaron el estilo sobrio y limpio del canto antiguo y lo reemplazaron por el canto suave y seductor que usa el mundo.
Cuando se acepta un estilo musical mundano en la iglesia, no quedan argumentos para impedir cualquier otro estilo musical que llegue a surgir. Por eso ahora se permite en ciertos lugares desde música bailable tropical hasta el rap y el reaguetón.
Para explicar mejor este asunto de la música de adoración, recomiendo este — ARTÍCULO
Finalmente analicemos el tema del uso de la música con intenciones evangelísticas o didácticas.
Debemos saber que todas las canciones llevan un mensaje, todo autor y cantante tiene un propósito al componer música y al cantarla.
El mensaje puede ser educativo, correctivo, de denuncia política o social, etc., entonces, lo que deben comprender los autores cristianos es que el mensaje de la Palabra de Dios es muy sagrado y no debe ser rebajado haciendo uso de un vehículo profano, es decir de un lenguaje musical mundano.
Sabemos que hay autores con buenas intenciones y que hay quiénes se han involucrado en el campo de la música considerándo esta actividad como un “ministerio cristiano”, pero la realidad es que la mayoría anda detrá de la fama y la fortuna. Hay cantantes a los cuales no les interesa revisar si lo que hacen está permitido en la Biblia o no.
Este artículo se publica para ayudar a los que son ignorantes y desean aprender o para los que tienen dudas y no han indagado suficiente sobre este importante tema.
Hay un lenguaje apropiado para transmitir el mensaje apropiadamente según la ocasión y el propósito, por eso hablamos de lenguaje culto y refinado, lenguaje coloquial, lenguaje técnico pero también lenguaje vulgar y jergas. Lo mismo ocurre con la música, porque la música es un lenguaje.
Para llevar el mensaje de la Palabra de Dios no es necesario utilizar un lenguaje complicado que solo los eruditos podrían entender, ese no es el ejemplo apostólico, pero utilizar el lenguaje de la pandilla callejera con tal de alcanzar a los pandilleros tampoco sería lo correcto.
El lenguaje apropiado debe ser sencillo y claro pero decente, porque no sólo es importante el mensaje sino el vehículo con el cual se lleva ese mensaje, es decir son importantes las palabras que se utilizan pero también la forma en que se expresan.
Los estilos musicales del mundo no son vehículos apropiados para llevar el mensaje de Cristo, porque el Evangelio debe ser proclamado por medio de un lenguaje claro y limpio.
Los que usan estilos mundanos como Rock o Rap o cualquier otro estilo mundano parecen tener la buena intención de alcanzar a ciertos grupos, pero al usar un vehículo incorrecto están desvirtuando el mensaje y sin darse cuenta están enviando un mensaje tergiversado a sus oyentes, no por las palabras, pero sí por el medio utilizado. La confusión comienza cuando el pecador piensa que puede recibir a Cristo y Su Evangelio pero sin dejar los estilos de vida y la música mundana que tanto ama.
Algunos líderes de jóvenes en las iglesias han caído en una trampa similar cuando pensaron que vestirse muy a la moda será una manera de influenciar a los chicos, y por eso vemos hombres maduros haciéndose tatuajes y poniéndose piercings para asemejarse a una cultura que ha abrazado estas prácticas.
El lenguaje que usa un predicador es muy importante. Cuando un misionero aprende el idioma del pueblo al cual desea llevar la Palabra de Dios, debe indagar para no usar palabras que en otra región pudieran ser consideradas groseras o vulgares, así debería ser.
Lamentablemente en el presente para muchos ya no es así. Hay predicadores usando lenguaje vulgar en sus prédicas, lo cual causa risas en la audiencia y ellos piensan que están aplicando la "contextualización cultural" de la cual les enseñaron en el Seminario. Pero al hacerlo están desvirtuando el mensaje al utilizar un vehículo incorrecto. Lo mismo pasa con los estilos de música llamados urbanos o del gueto, no son vehículos apropiados ni corresponden con la dignidad del mensaje.
Alcanzar a las almas con el Evangelio es importante pero más importante aún es ser fieles a Aquel que nos ha encargado ser heraldos de este mensaje que se incluye un llamado a dejar la manera de pensar y la manera de vivir del mundo para seguir a Jesucristo.
Por fallar en el entendimiento de este principio que nos manda a hacer diferencia entre lo santo y lo profano es que abundan los anuncios de actividades cristianas con un fondo musical inapropiado.
Los ministerios serios y conservadores utilizaban para sus promociones radiales fragmentos de música clásica, música sacra o melodías de himnos, pero ahora lo que abunda es el sonido de la guitarra eléctrica y las baterías rítmicas.
La Biblia nos manda a alabar a Dios con cánticos y también a exhortarnos unos a otros con cantos, pero esos cantos deben consistir de una adecuada y armoniosa combinación de melodías y ritmos que sirvan de vehículo propicio para el mensaje que transportan.
Volviendo al tema de la decadencia y las llamadas “expresiones culturales”, los artistas ya no se conforman a algún estándar de belleza, pero sí se conforman a la vanidad moderna de querer hablarle a la gente en su lenguaje preferido y contaminado, en vez de enseñarles la verdad por medio de un lenguaje limpio.
Como vivimos inmersos en una cultura de espectáculo, hasta la buena música cristiana puede ser mal utilizada. Es notorio que en algunas Conferencias se anuncia no sólo a los expositores sino a quiénes van a estar encargados de la música. La iglesia debe contrarrestar esta corriente mundana del entretenimiento.
En el Antiguo Testamento se utiliza en varias ocasiones la frase “fiesta solemne”. Para muchos esto sería algo contradictorio, porque no pueden comprender como algo que sea alegre como una fiesta puede a la vez ser solemne. Esto es precisamente lo que estamos llamados a rescatar la belleza de la adoración solemne con gozo espiritual y no carnal y mundano.
Muchos han caído en la trampa de la modernidad utilizando estilos inapropiados en la iglesia y eso eventualmente dará fruto de mundanalidad, porque esa decisión de utilizar música contemporánea en los cultos es precisamente un acto de mundanalidad.
¡Dios libre a Su pueblo!