Cesasionismo
Este artículo ha sido escrito para ayudar a los lectores a tener una mejor y más clara comprensión de la posición teológica que llamamos “Cesacionismo”.
Nuestros antepasados redactores de las Confesiones de Fe en el siglo 17 se pronunciaron de la siguiente manera:
Las Sagradas Escrituras constituyen la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y obediencia salvadores...Por lo tanto, agradó al Señor, en distintas épocas y de diversas maneras, revelarse a sí mismo y declarar su voluntad a su iglesia ; y posteriormente, para preservar y propagar mejor la verdad y para un establecimiento y consuelo más seguros de la iglesia contra la corrupción de la carne y la malicia de Satanás y del mundo, le agradó poner por escrito esa revelación en su totalidad, lo cual hace a las Santas Escrituras muy necesarias, habiendo cesado ya las maneras anteriores por las cuales Dios revelaba su voluntad a su pueblo.
(Confesión de Fe de Londres I- De las Sagradas Escrituras)
Definición de términos
Se le llama cesasionismo a la posición que afirma que los dones de operación milagrosa, como sanidades, hablar en lenguas y milagros, fueron cesando paulatinamente y dejaron de ser necesarios para la iglesia cuando concluyó la era apostólica y con ella la operación de los ministerios extraordinarios de apóstoles y profetas.
La posición continuacionista afirma que los dones de operación milagrosa siguen en vigencia y operación y que en la iglesia hay personas que tienen los dones especiales que se manifestaban en la Iglesia durante el primer siglo de la era apostólica.
Nosotros (los cesacionistas) afirmamos las siguientes verdades:
1. Dios tiene todo poder
2. Dios no cambia en sí mismo
3. Dios es soberano y actúa según le place
4. En el pasado Dios otorgó capacidades especiales con un propósito, pero habiéndose cumplido el propósito de tales señales, dejaron de ser necesarias.
Muchas veces los continuistas han afirmado que los cesacionistas no creemos en los milagros y las sanidades en este tiempo. No es así. Muchos de nosotros podemos dar testimonio de experiencias personales en las cuales hemos visto respuestas a nuestras oraciones de manera asombrosa en cuanto a provisión, alivio de enfermedades y protección particular en situaciones de peligro.
Sin embargo afirmamos que la obra más milagrosa que el Espíritu ha realizado desde que Él descendió en Pentecostés y que sigue realizando en el presente es la transformación de corazones de piedra endurecidos por el pecado, en corazones sensibles limpios y dispuestos a seguir a Cristo. (Ezequiel 36:26)
Leemos en la Biblia que hay períodos en los cuales Dios actuó capacitando a sus siervos para realizar señales y milagros y otros períodos en los cuales no lo hizo así. El Antiguo Testamento atestigua de esta forma de actuar de Dios. Cuando el Hijo de Dios fue manifestado, comenzó un período muy especial de manifestaciones del poder de Dios, pero habían pasado por un período de aproximadamente 400 años en los cuales Dios parecía había guardado silencio.
En su Evangelio el apóstol Juan explica la razón de su relato y de los hechos de Cristo de esta manera: “Para que creáis que Jesús es el Cristo” Juan 20.31.
En Hechos 2:22 se nos afirma que la ejecución de los milagros de Cristo fue una muestra de la aprobación de su ministerio por parte de Dios. En relatos como el de Marcos 9:2-6 vemos que Cristo actúa realizando un milagro para probarles a los fariseos su autoridad. El poder de Cristo confirmaba su autoridad. El apóstol Pablo al hacer referencia a las pruebas de su apostolado también menciona la realización de prodigios y señales. (II Cor. 12.12).
Todos los milagros, señales y prodigios que se registran en la Biblia estuvieron siempre asociados a un mensaje y con un propósito específico y cuando los hombres de Dios ejercieron este poder especial para obrar milagros, tuvieron siempre el cuidado de evitar toda admiración hacia ellos mismos y aprovecharon la oportunidad de exaltar al verdadero autor de los milagros.
En Hechos 3 Pedro y Juan amonestaron a los judíos a que no pusieran la mirada en ellos y en Hechos 14 Pablo y Bernabé hicieron lo mismo con indignación, al ver las reacciones de las personas que querían rendirles tributo a ellos por causa de un milagro.
En base a lo anterior deberíamos ser cuidadosos y observar a las personas que afirman poseer este tipo de dones milagrosos y verificar si el enfoque es el correcto y si los que dicen tener dones especiales son tan cuidadosos de evitar toda gloria personal como vemos que lo hicieron los apóstoles. Lamentablemente vemos a muchas figuras famosas en el ambiente carismático llamando la atención hacia ellos mismos y no hacia Cristo y esa debería ser una señal de alerta.
Cuando hablamos de dones “extraordinarios”, esto no quiere decir que pensamos que los demás dones que sí siguen vigentes sean de menor valor, lo que se enfatiza es la ocurrencia no regular de tales manifestaciones del poder de Dios.
Esta manera en la que Dios confirmaba la autoridad divina de los mensajeros por medio de señales y prodigios no debe ser considerada permanente. Cuando Elías confrontó a Israel contra los profetas de Baal, el poder de Dios habría de manifestarse para confirmar quién era el verdadero Dios (I Reyes 18) y cuando Pablo estaba defendiendo su apostolado ante los corintios, parece que también estaba decidido a mostrar la operación del poder de Dios en su vida de una forma visible, (I Cor. 4:18-19). En ambos casos, ni Elías ni Pablo estaban predicando algo novedoso, sino afirmándose en lo que Dios ya había revelado con respecto a Sí mismo.
Sin embargo, cuando Pablo enfrentó el problema doctrinal en Galacia, el mismo apóstol no apela a los milagros sino que afirma que si él mismo o sus compañeros, se atrevieran a modificar el mensaje del Evangelio, o si un ángel bajado del cielo, pretendiera hacer tal cosa, debemos considerarlo anatema, es decir bajo maldición.
Entonces, aunque Dios dio poderes especiales a los hombres para confirmar que ellos estaban hablando de parte de Él (Moisés, los profetas, los apóstoles), una vez que aquel mensaje fue establecido y confirmado, esta revelación de Dios debía considerarse como autoritativa y permanente y no dependiente de alguna nueva revelación.
Pongamos especial atención a la advertencia de Cristo, porque ya para estos tiempos finales no se nos manda a observar las manifestaciones particulares y milagrosas como credenciales sino más bien como señales de alerta:
Porque se levantarán falsos cristos, y falsos profetas, y harán señales grandes y prodigios de tal manera que engañarán, si fuera posible, aun a los escogidos.
(Mt 24:24)
Por más espectacular que sea el despliegue de poder que pudiéramos presenciar o experimentar, nuestras conciencias deben ser cautivas siempre de la Palabra escrita (La Biblia), cuyo canon consideramos cerrado, es decir, ya la Biblia está completa.
En el presente la ejecución de un milagro o sanidad no funciona como credencial de autoridad o aprobación de parte de Dios, sino como una respuesta a la oración.
Este principio se entendía desde el primer siglo. Santiago en su epístola (Santiago 5:14), instruye diciendo que los enfermos deben llamar a los Ancianos para que oren por ellos. No sugiere que lleven al hermano que tiene don de sanar.
Con frecuencia los pentecostales afirman que una iglesia sin los dones extraordinarios está desprovista del poder del Espíritu Santo, al cosa es contraria a las Escrituras.
Con respecto a la Iglesia en Tesalónica el apóstol Pablo escribió que el Evangelio llegó a ellos “en poder, en el Espíritu Santo, y en plena certidumbre”… (I Tes. 1.5), y sin embargo en el relato de los Hechos no se registra alguna sanidad o prodigio. Pero claro que sí ocurrieron maravillosos milagros porque el apóstol afirma que se convirtieron de los ídolos al Dios vivo y verdadero. (I Tes 1.9)
Los cesacionistas sí creemos que Dios hace milagros y vemos continuamente la acción de Su mano sanadora, pero no atribuimos esas acciones divinas al poder de algún hermano con dones especiales sino a Dios mismo que responde nuestras oraciones, según Su soberana voluntad.
Nuestra segura y firme ancla debe ser la Palabra de Dios que permanece para siempre. Los milagros atribuidos a los santos en el catolicismo, a la Virgen María, así como a sanadores que predican herejías, nos confirman que esto ya no podemos considerarlo como señal de aprobación divina.
Los cesacionistas creemos que la función del ministerio apostólico, fue fundamental en la iglesia, pero creemos que su ministerio fue irrepetible porque ellos pusieron el fundamento, lo cual en un edificio se realiza al principio y de una vez por todas, lo que sigue es seguir edificando. (Efesios 2:19-20). Si captamos correctamente esa ilustración, entendemos que lo que nos corresponde es aferrarnos a la doctrina que ellos establecieron. El Señor Jesucristo no escribió sus enseñanzas, todo lo que sabemos de Él nos llegó por vía de los apóstoles o sus acompañantes. Ellos cumplieron su misión al transmitir todo lo que Cristo les enseñó y uno de los requisitos para este ministerio apostólico fue haber recibido el Evangelio directamente de Cristo, como confirma Pablo haber sido su caso también. Creemos que tenemos una fiel expresión de la iglesia en toda comunidad de cristianos que tengan el compromiso de seguir a Cristo según las enseñanzas de los apóstoles. Esa es una iglesia apostólica.
Con respecto al don profético, debemos entender que la función del profeta era revelar lo que había recibido directamente de Dios, fueran predicciones o instrucciones y también, llamar constantemente al pueblo al arrepentimiento confrontándole a sus pecados.
Creemos que la función profética que daba revelaciones recibidas directamente de parte de Dios sea en instrucciones o predicciones no es necearia. Dios ha hablado por Su HIJO (Hebreos 1) y los apóstoles nos han transmitido todo lo Él les enseñó.
Las Escrituras son suficientes, no hemos de quitar nada ni añadir nada. Sin embargo, podemos decir que el elemento profético continúa por medio de proclamación de la Palabra cuando es fielmente expuesta.
En un sentido, el predicador fiel puede decir “Así dice el Señor”, si cuando predica interpreta y aplica correctamente la Biblia, pero aún así, su predicación no es infalible, sino que la iglesia debe comprobar si lo que dice es conforme a las Escrituras.
En cuanto a los dones de lenguas e interpretación de lenguas, afirmamos que las iglesias han sido engañadas en cuanto a tales experiencias. Los que hoy piensan hablar en lenguas no están hablando ningún idioma y los que las interpretan no están entendiendo la supuesta lengua del que habla, están actuando por emoción o bien por engaño diabólico.
Las experiencias que hoy se permiten en las iglesias no son similares alo que se relata en los Hechos de los Apóstoles (Hechos 2) ni en la Primera Carta a los Corintios (I Cor. 14).
Los misioneros durante 21 siglos han tenido que aprender el idioma de las poblaciones a las cuales han ido a evangelizar. Si el don de hablar en un idioma desconocido hubiera permanecido, las iglesias habrían enviado a los que tenían tal don como misioneros, pero nunca ha funcionado así. La manifestación del don de lenguas fue una señal de juicio para los judíos incrédulos como lo explica el apóstol Pablo.
En I Corintios 13.9 el apóstol Pablo afirma que “cesarán las lenguas”. ¿Qué significa esto? Se refiere a que llegaría el momento en el cual el don de poder hablar una lengua desconocida dejaría de estar en operación. San Pablo no podría estar haciendo referencia al Cielo porque todos sabemos que en el Cielo ese don no será necesario, por lo tanto debemos reconocer que el apóstolo anunció la cesación. Nosotros afirmamos que al completarse la Biblia ese don se volvió innecesario.
No minimizamos el poder de Dios, entendemos que Dios decide cesar ciertas operaciones de Su poder cuando se ha cumplido el propósito.
Dios dejó de enviar el maná a Israel una vez que entraron en Canaán y los israelitas entendieron la razón, ya no era necesario. Ese es el argumento cesacionista, los dones que el movimiento carismático y el pentecostalismo han querido revivir ya no son necesarios y son causa de confusión.
Se recomiendan las siguientes lecturas:
Raíces teológicas del Pentecostalismo de Donald W. Dayton,
Sola Scriptura- Carismatismo y Reforma Protestante de Carlos Cruz y
El fenómeno carismático del Dr. Peter Masters